Historia: Tiahuanaco y los Grandes Reinos Aymaras en Tarata


Referencia sobre los Primeros Habitantes Aymaras en Tarata

A continuación hacemos referencia a la teoría más difundida en la Provincia de Tarata sobre el origen de sus pobladores, según se narra en la mayoría de obras escritas al respecto.

Hablar de la Provincia, es remontarse siglos atrás y perderse en la utopía de sus leyendas y tradiciones. No existen trabajos de carácter científico que puedan mencionarse como una fuente, por lo menos  hasta ahora que nos permita determinar, en que tiempo, hace cuantos años o siglos, llegaron los primeros habitantes a poblar esta zona, y el estado natural en que se encontraban; a que se dedicaban  y de que se alimentaron, como vestían, como vivían y como eran sus viviendas. Los datos obtenidos con relación a la forma  como se pobló esta provincia  y a sus primeros habitantes, se basan en documentos de tipo tradicional y folklórico. Al menos, si se considera  específicamente el origen de los habitantes del distrito y ciudad de Tarata, capital de la provincia.

Las obras consultadas hacen referencias, a que los primeros pobladores  de esta zona, llegaron inmigrando de la civilización Tiahuanaco, en tiempos en que el Altiplano sufría modificaciones geológicas con carácter de cataclismo. Esta teoría se basa en el predominio del idioma Aymara en la población antigua y en costumbres ancestrales que subsisten en la actualidad. En un comienzo estos pobladores vivieron en pequeños ayllus dispersos, o quizá simplemente formando clanes, quedan restos de sus viviendas  y cementerios como indicio de su existencia, algunos a inmediaciones de la actual ciudad de Tarata. Estos lugares son: Callilligua, Tuquimbaya, Chivatería, Achacollo, Corojollo, Coldaya, Challa, etc.

Posteriormente como la población aumentaba, los pequeños ayllus se fueron agrupando, hasta formar solamente  dos comunidades: los “Yungas” y los “Lupajas”, ambos ocuparon territorios diferentes separados por un río llamado Chacavira. Esta polarización entre ayllus posiblemente se debió a que primaba un carácter de rivalidad entre estos grupos iniciales; rivalidad, posiblemente acarreada desde el altiplano donde habrían pertenecido a diferentes clanes aymaras, y ya en nuevos territorios, se aliaron según conveniencia hasta consolidarse en dos únicas fuerzas: Yungas y Lupajas.

Está unificación se acentuó mas adelante con la influencia incaica; lo que determinó que esta zona sea integrada al “Contisuyo”.


Tiahuanaco y los Grandes Reinos Aymaras

La Cultura Tiahuanaco 

Ubicación en el Tiempo y Espacio

La Cultura Tiahuanaco se establece inicialmente en la Meseta del Kollao. Su sede principal estuvo a 21 Km. Al sur este del lago Titicaca.

Unos creen que sus fundadores fueron de raza Aymara, otros, de raza Quechua y no faltan quienes afirman que fueron los Uros los que iniciaron esta cultura. Los Tiahuanaquenses llegaron a extenderse, por el norte hasta Chavín, por el Sur hasta Chile, Bolivia y Norte de Argentina, por el Este hasta los límites de la Selva Alta y por el Oeste, hasta el Océano Pacífico. Fue una cultura pan-peruana cuya antigüedad no está bien determinada, indicándose que es posterior a Chavín. Según algunos historiadores su reinado se dio entre los años 600 a 1200  d.C. Dividiéndose posteriormente en nuevos reinos en su etapa final o de decadencia.

La cultura Tiahuanaco tuvo posibles enclaves en Tarata a cargo del clan Lupaca, quienes se independizarían tras su final. Existe evidencia arqueológica en los Valles de Azapa y Moquegua de que las tumbas de las colonias tiahuanacota fueron arrasadas durante su decadencia política y religiosa por las etnias locales, 1000 y 1100 d.C. No hay pruebas de que algo similar ocurriera en Tarata, debido a la ausencia de evidencia arqueológica. Podemos deducir que los Lupacas mantuvieron el control sobre los habitantes oriundos de la zona.

Los Grandes Reinos Aymaras  

Ubicación Geográfica y Antigüedad

Hacia el año 1000 d.C. el gran Reino Tiahuanaco se desintegro “permitiendo que en adelante surgieran en su reemplazo, otros reinos menores, rivales entre sí establecidos alrededor del Lago Titicaca”, entre los cuales cave mencionar a los Lupacas, Pacajes, Kollas, Umasuyos, Canas, Canchis, Collaguas y Ubinas. La lengua común entre todos ellos fue el Aymara o Haque-aru y perduraron hasta el año de 1500 de nuestra era.

Lupacas: Según los cronistas españoles del Siglo XVI los Lupacas construyeron el Señorío mas importante del altiplano del Titicaca. Ocupaban la margen sur del lago, entre Puno y el río Desaguadero y, además de los siete poblados: Chucuito, Acora, Ilave, Juli, Pomata, Yunguyo y Zepita, y tenían a Chucuito como capital, los historiadores le reconocen algunas “Colonias en las vertientes occidentales del Pacífico” (“HISTORIA DEL PERU”. T. II. Ed. Mejia Baca). El Rey de los Lupacas se llamaba Cari y residía en Chucuito.

Sociedad Lupaca

Se dividían en 7 grupos denominados «lupazas» a su vez cada grupo estaba compuesto de varios «hatha» (otros autores simplemente los denominan «lupaca» a cada grupo) que eran grupos que estaban unidos a un antepasado común que podía ser mítico o real. Cada «hatha» eran una dualidad que se dividía en mitades denominadas «alaasa» y «massaa». Cada «hatha» tenía dos autoridades, una para la parte «alaasa» y otra para la parte «massaa» y, dependiendo del grupo, una de las autoridades primaba sobre la otra, la autoridad principal recibía el nombre de «mallku».

En las crónicas europeas a las «hatha» se las denominó linajes; en algunos diccionarios aimara-castellano aclaraban que la palabra «hatha» equivalía en quechua a «ayllu». Sobre las «lupazas», los cronistas europeos las describieron como provincias a la manera europea, describiendo que cada provincia tenía divisiones denominadas «saya» y que eran un total de 15, dentro de estas estaban los innumerables linajes o ayllus (denominados «hatha» por los lupaqas).

Cada «saya» tenía sus pueblos, sus «papakancha» (tierras de cultivo) y sus rebaños, que llegaban desde Chucuito hasta el río Desaguadero (frontera natural con el reino Pacaje), había dos pueblos que eran la excepción a la regla; estos pueblos fueron Sunicaya y Cupi. En el caso de Sunicaya, fue un pueblo dedicado enteramente a la minería y la metalurgia; y que hoy es conocido con el nombre de Platería; y Cupi, que fue un pueblo que estaba integrado por artesanos ceramistas especialmente «olleros», la particularidad de Cupi fue que ahí residieron los ceramistas de todo el reino Lupaqa, tanto de la mitad «alaasa» como de la mitad «massaa».

La Agricultura: Colonias en los Pisos Ecológicos

Indiscutiblemente que la agricultura y la ganadería fueron las principales actividades económicas de los Reinos Aymaras. En la agricultura lograron el dominio de los distintos pisos ecológicos, introduciendo el cultivo de variados productos en los valles de la Costa, Sierra y Selva Alta, como la coca, el ají y el algodón, además de productos típicamente andinos. Utilizaron el guano (excremento de auquénidos) como abono para las plantas. Sus alimentos se condimentaban con sal y ají. Asimismo siguiendo la tradición del Tiahuanaco, los reinos aymaras tuvieron “enclaves” de orden colonial en varios valles de la costa, sierra y selva alta, esto es, efectuaron un control agrícola vertical que les aseguro el sustento y la producción; esto les ofrecía una dieta variada en base a vegetales, ya que su habitad les brindaba una alimentación netamente basada en la actividad ganadera, lo cual consiguieron mejorar logrando colonias en otros los pisos ecológicos.

John Murra denomina a estas colonias como «islas ecológicas verticales», debido a que el reino Lupaca que residía en el Collao (a más de 3800  msnm) necesitaba de los alimentos que producían las tierras más bajas para complementar su nutrición. De esa manera surge en los Lupaca (y en todos los pueblos andinos) la necesidad de dominar territorios tanto en las costas del Pacífico así como la zona húmeda oriental de los andes.

En el caso concreto de los reinos aimaras, habitaron las costas del pacífico dominando porciones discontinuas de varios valles, es decir que en cada valle podían existir territorios de cualquier otro reino aymara (Pacajes, Carangas, Collas, etcétera) e inclusive de los pueblos Uros, además de la población nativa de algunos valles que en aquellos tiempos denominaron indistintamente como «yungas».

Estas «islas ecológicas», que otros autores denominan colonias, eran trabajadas por las «hatha» del altiplano en un sistema de rotación; en las tierras en donde el viaje demoraban varios días se colocaron colonos permanentes dedicados al cultivo del maiz, ají o la recolección del wanu (huano).

John Murra, citando al ariqueño Rómulo Cúneo Vidal en su libro Historia de los antiguos cacicazgos hereditarios del sur del Perú 1535-1825, relaciona a la población del altiplano y los aimaras de la costa; y escribe que: las gentes de Chucuito solían viajar hacia Moquegua, Azapa y Camarones; los de Ilave rebasaban hacia Ilabaya, Ilo e Islay; los de Ácora hacia Tacna, Lluta y Codpa y finalmente los de Pomata viajaban hacia Putina, Sama y Tarata.

Los Lupaqas también dominaron territorios en la zonas de los valles interandinos en la vertiente del Amazonas, es así que se encuentran documentos que acreditan la posesión de tierras en lugares tan distantes de Chucuito como Larecaxa (hoy Larecaja), Chicanuma y Capinota, ambas situadas en zonas boscosas de producción cocalera (la hoja de coca era fundamental para varios rituales del reino Lupaca, así como para el consumo diario de la población).

Su Final

Los Reinos Aymaras llegaron a territorios de Arequipa y Antofagasta por el occidente, las Selvas Bolivianas y el Noroeste Argentino por el lado Oriental. Después de haber alcanzado su máxima extensión fueron conquistados por los cusqueños desde tiempos de Wiracocha.


Importante Aclaración sobre el Origen Aymara del Pueblo de Tarata 

El origen Aymara del Pueblo de Tarata es polémico, debido a la suma de culturas y procesos demográficos que sufrió; para entender con más profundidad esta idea, necesariamente debemos conocer el pasado histórico en sí, desde los datos más arcanos.

Los datos actuales sobre el origen de Tarata, con frecuencia solo abarcan investigaciones realizadas desde la influencia de la Cultura Tiahuanaco hasta su final, y en seguida la influencia de los últimos Reinos Aymaras (perspectiva que propusimos el 2003); sobre los cuales tratamos al inicio a manera de acotación histórica, dada su notoria influencia cultural y comercial sobre Tarata.

Hasta hace poco el origen aymara de Tarata parecía imposible de cuestionar, dada la notoria herencia cultural.  Sin embargo es necesario recordar, que la cultura aymara es inexistente como nación, debido a que está constituida fácticamente por diversas etnias, subculturas y pequeñas culturas, incluso con lenguas propias, como atestiguaron los primeros cronistas españoles en pisar estas tierras del sur. La obra Copacabana de los Incas, narra algunos detalles sobre la diversidad lingüística de estas tierras australes.

La vasta toponimia intraducible al aymara en la provincia de Tarata y zonas aledañas, nos hace especular, en el posible asentamiento de una cultura anterior. Los restos de la cultura gentilar, regados por toda la zona, y su existencia e influencia hasta los últimos días de la colonia, dan otras pistas. La división política y cultural que estableció el Inca en el imperio, incluyendo a estas tierras dentro del Contisuyo y no dentro del Collasuyo, nos dice algo sobre la realidad sociocultural de aquel entonces. El proceso de mitmas establecido por el imperio quechua, también contribuyo a influir la cultura de la localidad. El folklore propio, con tradiciones y matices distintos a las del mundo aymara altiplánico, persistentes aún en nuestros días, expresan esa remota singularidad.

No es posible asegurar un origen único, por el contrario, existe un origen claramente marcado por el mestizaje cultural e interracial, debido a factores geográficos, demográficos e invasivos. Ese mestizaje cultural y social continúa aún, enriquecido por las últimas migraciones altiplánicas cíclicas, y que una vez más, han cambiado la demografía y el pensamiento actual, forzando a la cultura precedente y persistente,  a adaptarse y mezclarse para subsistir. Así, la vieja Tarata, atraviesa la hora final de su presente metamorfosis.
Si bien es cierto, que el idioma aymara perduró hasta nuestros días, sobre todo en la región altiplánica, existió un aymara hablado con variantes y acentos propios en Tarata, este era practicado por nuestros ancianos bilingües. La influencia del castellano, como medio de comunicación general y comercial, ha casi extinguido el aymara tradicional de Tarata.

¿Pudo haberse extinguido antes la posible lengua original de Tarata para dar paso al aymara? Pueda que sí. Tal como pasa ahora con la globalización del inglés y el desplazamiento de otros idiomas.

Por lo pronto, es necesario entender la posición de quienes comparten la idea de un origen único y aymara.

Para tener una mayor idea sobre el génesis aymara de Tarata, es fundamental plantearse algunas interrogantes: ¿Tarata, se formo en base a fragmentos de la Cultura Tiahuanaco o fue un enclave colonial de los posteriores Reinos Aymaras, entre ellos la “Lupaca” por ser la más cercana?... Según obras antiguas Tarata se formo con restos de la Cultura Tiahuanaco (en los días finales de esta Civilización), muy posible, como es probable también que haya sido un enclave colonial de los Grandes Reinos Aymaras, entre estos la Lupaca o tal vez otras culturas aledañas también de origen Aymara. Esta aseveración se fundamenta en el hecho de las rivalidades existentes entre los grupos locales “Yungas y Lupajas”, que tuvieron continuos enfrentamientos desde sus inicios, posiblemente estas dos comunidades de ayllus pertenecían a etnias distintas  del Tiahuanaco o pudieron ser también enclaves coloniales de dos Reinos Aymaras opuestos, posibilidad más viable, ya que los Reinos Aymaras duraron hasta el siglo XIII d.C. tiempos en que se daba el expansionismo Inca y en que según relatos de Don Fortunato Zora Carvajal en su obra “Tacna Historia y Folklore” el Soberano del Imperio del Sol habría pisado suelo Tarateño en su trayecto hacia Chile... Para esta época el Tiahuanaco había perecido ya, dos siglos antes. Estos Reinos lograron subsistir hasta la época de la conquista según cronistas españoles.

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