Historia: Teoría sobre el origen aymara de los primeros pobladores de Tarata


La teoría más extendida sobre el origen aymara de Tarata concluye que los clanes Lupaja y Yunga proceden de un origen étnico común. Pero hay un detalle, el origen cultural del nombre de ambos clanes difiere.

Yunga y Lupaja

Primero citaremos la información más divulgada sobre el génesis aymara de Tarata, que tiene que ver básicamente con el asentamiento de los primeros grupos humanos en la zona, atribuido a los clanes Yunga y Lupaja que posteriormente se convertirían en comunidades. Citaremos a Melitón Velarde Pintado, que en su obra ¡OH TARATA DE MIS RECUERDOS! habla al respecto.

Las frases encerradas entre paréntesis corresponden a aclaraciones formuladas por los creadores de la presente web para aclarar las dudas que pudieran concebir los cibernautas.

Costumbres de los Habitantes de Tarata

Cada país o pueblo tiene sus costumbres propias, inclinaciones  y usos que con la práctica constante adquieren fuerza de ley o hábito, dándole la identidad particular a cada lugar o nacionalidad. Así el pueblo Tarateño a tenido y tiene sus costumbres propias que lo distinguen de los demás.

De los Primeros Moradores

Se dice que los primeros moradores de Tarata venidos del Altiplano que se establecieron en las márgenes del Río Chacavira; tanto los ayllus de los Yungas como los Lupajas vivieron en chozas construidos por ellos mismos.

Los ayllus, los Yungas y los Lupajas para sobrevivir tuvieron que dedicarse a la caza y al sombrío de algunas plantas alimenticias y recoger frutas a su alcance. Inclinados al trabajo, se dice que progresaron pronto, porque aprovecharon muy bien el tiempo y sus preferencias de día. Se dedicaron mayormente al cultivo de productos alimenticios, como la papa, la oca, el maíz y algunas legumbres. Su alimentación también fue mejorando estableciéndose como costumbre servirse muy temprano potajes que les aprovechaba de desayuno y almuerzo a la vez para salir a trabajar; al mediodía se servían la merienda que se llevaba al campo consistente por lo general en maíz tostado, papas y ocas sancochadas, aliñadas con charqui o cecina, quesillo y un preparado de ají con cebolla y otros condimentos; por la noche antes de acostarse tomaban su comida que consistía en algún preparado como el de la mañana. (Durante la cena, se daban cita cuentos milenarios en la voz de los abuelos o personas mayores a la mesa).

Como vajillas usaban ollas, tostaneras, yuros y chuguas de barro procesado; los cucharones y cucharas eran de palo confeccionados por ellos mismos, al igual que otros objetos de cocina.

Sus vestidos eran muy sencillos. Las mujeres usaban simples “anacos” de la lana que tejían ellas mismas y consistían en una sola pieza de tela que se envolvían el cuerpo prendiéndose en los hombros y la cintura con “pichacas” espinas grandes de cactus (CURI, planta nativa del lugar perteneciente a la familia de las Cactáceas), planta de la zona) de las montañas altas de esos lugares, de tal modo que bajan libres sus brazos para el manejo; se cubrían la cabeza con “manteras” especie de sombrero. Los hombres usaban camisetas y calzoncillos largos de bayeta, pantalones de “jerga”, tejidos de lana pura, usaban también sombreros de lana y ojotas de cuero de llama para las caminatas.



De las Comunidades y Primeros Caserios

Cuando estos ayllus se organizaron en forma de comunidades campesinas, agruparon sus viviendas construyendo los primeros caseríos. Los yungas formaron el Caserío de Tarata Pampa cerca del cerro de Santa María y los Lupajas formaron el Caserío Capilla cerca del cerro Calvario que les presentaban más comodidad. Vivían en consecuencia, en mejores condiciones que antes. (Esto se dio en su periodo de formación).

Mas tarde, siempre en afán de progreso, las comunidades de Yunga y Lupaja van cambiando sus hábitos de vida y ayudados por el avance de la agricultura, la ganadería y el comercio de arrieraje con Bolivia alcanzan un mejo estándar en su vida cotidiana. Las mujeres empezaron a exhibir polleras multicolores, blusas largas con encajes mas vistosos, zapatos de caña alta, llicllas y aguayos de mejor presentación. En los días festivos ni que decir vestían con mayor lujo usando alhajas de mayor valor prefiriendo los topos de plata, anillos de oro y aretes expectantes; los hombres unos perfectos caballeros... (Estos acontecimientos se dieron en años posteriores a la época del incanato y la Colonia).

Las comunidades cada vez se organizaron mas y mejor. Implantaron los “aynes” y la “minca” (conocidas como Torna, en toda la zona) o sea la ayuda mutua de los trabajadores comunales y privados que por sus beneficios y gran alcance de las tornas, duro mucho tiempo, por que tanto en los sembríos, guaneo, y cosecha, los trabajadores en común les reportaron grandes beneficios. Esto si los dueños de las chacras estaban obligados en atender a los trabajadores con comilonas bien servidas si que falte la rica chicha de Jora (guñapo, en el termino popular). En las noches después de la comida celebraban los trabajos del día bailando y cantando al son de los charangos, guitarras y pincullos sin dejar de libar chicha y aguardiente que el dueño de casa les servía en agradecimiento.

Igualmente ocurría en las techas de las casas; todos colaboraban llevando cortadera (planta de la zona), varillas que se empleaban y gran voluntad de trabajo sobre todo. Los hombres se dedicaban al armado de los tijerales  y al techado mismo; mientras que las mujeres preparaban las huasquillas de cortadera y pasaban los materiales en la medida de su fuerzas. Todos entraban en actividad y al terminar la techada los compadres y ahijados acostumbraban llevar cruces de flores o metal para hacerlos colocar en el mojinete porque los techos eran siempre de dos aguas, muy raro de media agua. En las noches las acostumbradas jaranas a todo dar.

Los trabajadores comunales de servicios generales, como limpieza y arreglo de acequias de regadío, caminos públicos de la campiña y faenas municipales lo realizan en perfecto orden y control estricto.

Con estos trabajos del sistema comunitario, alcanzaron a construir por ejemplo canales de alta ingeniería para la irrigación de sus tierras en las faldas casi inaccesibles de los cerros, y para el mejor aprovechamiento de sus tierras en tan accidentados parajes y cultivar mejor los productos necesarios, construyendo perfectos andenes de piedra que hoy por hoy todavía existen y que son la admiración de los turistas que visitan Tarata. No está demás advertir que también construyeron grandes catapes (reservorios de agua) para aprovechar las aguas de las lluvias preservando la escasez de agua en los meses de estío, cuyos escombros todavía están a la vista.

Estas dos comunidades existieron posiblemente desde tiempos lontanos y posteriores a la división de los grandes Reinos Aymaras, subsistiendo a través del tiempo y logrando atravesar con éxito la Época del Incanato, la Colonia y Conquista, Emancipación y todos los fatales sucesos durante la vida Republicana del País.

Hoy en día son reconocidas a nivel Nacional por intermedio del Ministerio de Agricultura, como Juntas de Usuarios de Riego; así tenemos a la Junta de Regantes de Yunga y Junta de Regantes de Lupaja.



Aclaraciones

El origen Lupaja. Los lupaca o lupaqa fueron uno de los pueblos aimaras que surgieron posterior a la decadencia de Tiahuanaco. Su centro administrativo estuvo a las orillas del Lago Titicaca, y tuvieron importantes colonias en los valles de la vertiente del Pacífico. Fueron dominados por los Incas pero mantuvieron su identidad inclusive con la dominación española.

La importancia y relevancia de este reino andino ha venido aparejada a los trabajos de historiadores y antropólogos que han examinado textos de la colonia (visita de Garci Díez de S. Miguel de 1562). En estos textos se plantea un modelo económico basado en el establecimiento de un núcleo de población y poder en la puna altiplánica y el control a través de "colonias periféricas" de enclaves de aprovechamiento agroecológico contrastado: en la costa (hacia occidente) y en los valles hacia oriente. Son destaclables los trabajos de John Murra a cerca de estas características que él denomina "control vertical de un máximo de pisos ecológicos en la economía andina" a través del "archipiélago vertical".

Murra (2002 [1975]) plantea hasta tres diferentes zonas de control ecológico dentro de la economía de este reino poco antes de la colonización española: un núcleo central con cultivos de tubérculos andino y ganadería camélida, "colonias" multiétnicas en la costa con aprovechamiento de maíz, huano o huano, algodón y productos costeros, y otras "colonias" multiétnicas en los valles y montañas orientales, con cultivos de coca, madera y productos de la selva.

El origen Yunga. Se cree que el vocablo yunga o yunka tiene su origen en el idioma runa simi (o quechua), y significaba “valle cálido”. Así llamaban los incas a la región y así la conocieron los españoles a su llegada al Perú, quienes utilizaron la palabra “yunga” para nombrar tanto a los hombres que habitaban el norte del Perú como al idioma que estos hablaban. El yunkachu era el poblador de los valles cálidos, generalmente fruticultor.

De acuerdo con la Real Academia Española el término proviene del quechua yunka y propone tres posibilidades para este vocablo. En el Perú se denomina así a los valles cálidos que hay a un lado y otro de los Andes. También se lo utiliza para nombrar a los naturales de estos valles cálidos. Por último, puede referir al idioma Yunga, antigua lengua del norte y centro de la costa peruana.

Por otro lado, crónicas de la colonización española relatan que los pobladores del Cusco llamaban yuncas a los habitantes del oriente de los Andes, especialmente de la provincia incaica del Antisuyo y que por consiguiente los españoles llamaron indios yuncas. Estos habitaban una región de clima muy caliente, con mucha humedad tanto en el aire como en los suelos y criaban cuyes y pavos. Los quechuas también llamaban "anti" a la región de las yungas argentinas en los confines del imperio incaico.

Cuando se hace referencia a la Selva de montaña en Bolivia se habla de "los" Yungas, en tanto en Argentina se las menciona como "las" Yungas. En Perú se usan términos como Yunga, Yungas, Selva alta, Montaña o Valle Costeño. En Ecuador se denomina Alta Amazonía; y en Colombia y Venezuela se le llama Bosque andino o Bosque de niebla.

Luego de conocer el origen cultural de los nombres de ambos clanes, podemos concluir que los Lupajas (Lupacas) son de origen aymara, y los Yungas (Yunkas) no. Por lo tanto, deducimos que fueron los Lupajas quienes poblaron Tarata antes que los Yungas, debido a que los últimos llegaron a las tierras tarateñas a través de mitmas en la época de los incas, de esto trataremos más adelante.

Con el curso de la historia, los nombres originarios de los Lupacas y Yunkas, terminaron castellanizados a Lupajas y Yungas.

Según la teoría del origen aymara de Tarata, toda la población procedía de un único origen, pero vemos que la aseveración no es del todo cierta, ya que una parte de nuestros antepasados sería de un origen étnico distinto. Si tomamos en cuenta la teoría del origen gentilar, tenemos a tres clanes distintos, siendo los gentilares los más longevos. 

Recientemente el historiador Efrain Choque publicó un libro sobre la presencia Puquina en la región Tacna, para Tarata esto significaría añadir a otro grupo étnico a la historia conocida.


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