Historia: Tarata durante la conquista y la colonia española


El Descubrimiento de América, empresa que supuso el mayor ensanchamiento de las fronteras oceánicas de Europa, la aventura descubridora más importante en la historia de la humanidad, cuya figura más distinguida y esencial fue la de Cristóbal Colón (c. 1451-1506), y que sobre todo destacó por hacer posible lo que recientemente se ha dado en llamar el encuentro de dos mundos.

Larga y costosa, nada casual, estuvo motivada por una serie de factores sociales, económicos, religiosos y técnicos; y se apoyó en impulsos políticos y científicos. Tras un largo aprendizaje mediterráneo, esta empresa marítima adquirió protagonismo indiscutible en la zona del golfo de Cádiz y bajo el impulso de los marinos portugueses y andaluces, los más capaces y mejor conocedores del Atlántico durante los siglos XV y XVI. Cristóbal Colón con el apoyo de la Reina Católica Isabel I de Castilla descubrió el Nuevo Mundo el 12 de octubre de 1492, fue el primer almirante, virrey y gobernador de las Indias, y enseñó a los hombres de mar de su tiempo el camino a seguir para ir y volver del continente que habría de llamarse América.

Posteriormente a descubrimiento del Nuevo Mundo, se inician expediciones de carácter mundial. Lograron en esas expediciones descubrir ya en sí el continente, a lo que los españoles llamaron Tierra Firme. Es en ese territorio que los españoles por primera vez tiene conocimiento a través de algunos nativos sobre la existencia de un rico Imperio hacia el sur “El Dorado”. Tras varias expediciones, es Francisco Pizarro (c. 1476-1541), tras pasar por Tumbes y fundar en agosto de 1532 la villa de San Miguel de Piura (la primera ciudad española erigida en el Perú, actual Piura), el 15 de noviembre la expedición entró en Cajamarca, donde se encontraba el Inca Atahualpa, que había apresado a su hermano Huáscar. El Inca fue apresado, este, para conseguir su libertad, ofreció llenar de oro la habitación en la que se encontraba y de plata otras dos estancias, y, en secreto, mandó matar a su hermano Huáscar. El Soberano fue sujeto a juicio y posteriormente muerto. Con Pizarro en el Perú en 1532, se inicio la época de la Conquista y Colonia, mas tarde el Virreinato.



Tarata y el Primer Encomendero 

Por el año de 1560, fue Don Pedro Pizarro el primer español que llego como encomendero a la Región de Tarata...

El mismo encomendero viendo la importancia de Tarata y el número de habitantes con que contaba, lo elevo a la categoría de Pueblo en el año de 1561 (según la obra Historia de Tarata de Nilo Rueda Valverde).



De esta época solo podemos mencionar las manifestaciones culturales que existieron y los que aún se conservan.

Los aparejos o “izangas” de totora que por el año de 1612 eran cotizados para el   transporte de azogue procedente de las minas de Huancavelica y llevadas al interior del altiplano (Bolivia).  

Los variados tejidos de lana de alpaca, vicuña y llama que se han encontrado en las tumbas funerarias que hay en la zona.  

En arquitectura, construyeron en esa época la Iglesia Parroquial de piedra blanca con cal y arena en las uniones con techo de teja. Esta Iglesia fue inaugurada el 3 de enero de 1741, la que sería destruida en parte en el terremoto del 4 de agosto de 1860 y restaurada posteriormente.



La educación en esta época solo se daba en la parroquia junta con la enseñanza de la doctrina cristiana impartida por los sacerdotes.  

Se estableció la Parroquia de San Benedicto de Tarata en el año de 1613, pues en el número 1 de partidas de bautismo la primera data del 21 de marzo de 1613. Año en que se dice que la juventud aprendía la religión o instrucción.  



Tarata y la Evangelización del Nuevo Mundo 

Con el descubrimiento  del Nuevo Continente y posteriormente la llegada de los españoles al Perú, se dio inicio al proceso Evangelizador de América. La acción misionera se realizó bajo la dirección de los monarcas españoles en la América hispana, por concesión papal a través de diferentes bulas.

A partir de la llegada de las primeras noticias del descubrimiento de lo que sería dado en llamar Nuevo Mundo a cargo de Cristóbal Colón, los Reyes Católicos y sus sucesores comenzaron a recibir numerosas concesiones, relacionadas con el derecho de ocupación de las nuevas tierras y el dominio sobre sus habitantes, como una donación papal. El Papa, que tenía la potestad de entregar los territorios recién descubiertos a los príncipes cristianos, en función de este principio repartió el continente americano entre España y Portugal. Por lo tanto, desde 1493 y por medio de bulas como las Inter Caetera, Dudum Siquidem, Eximiae Devotionis, Universalis Eclesiae, Romanus Pontifex, Omnimoda, o Sublimis Deus, papas como Alejandro VI, Julio II o Adriano VI, al tiempo que les concedieron las tierras les encomendaron su evangelización.

Para poder llevar a cabo esta labor, la Corona adquirió el derecho a intervenir en numerosas competencias, que hasta ese momento eran exclusiva de la Iglesia católica: cobro de diezmos, capacidad para organizar la Iglesia de América y el envío de misioneros, presentación de candidatos a todos los cargos eclesiásticos y decisión sobre la construcción de catedrales e iglesias. Todas estas atribuciones se definieron con la constitución del Patronato Real y el Vicariato Regio, que convertían a la Corona española en protectora de la Iglesia y en ocasiones incluso en su supervisora, ya que se llegó a establecer la obligatoriedad de que el monarca diera el visto bueno a los documentos que el Vaticano destinaba a América. En 1568, se celebró en Madrid la Junta Magna, una especie de congreso misional, en el que se trataron numerosos temas relacionados con esta actividad.

El instrumento más activo de la evangelización fue la entrega total de las órdenes mendicantes, a las que más tarde se unieron los jesuitas. Las primeras órdenes en llegar a América fueron las de los Franciscanos, que se instalaron en la isla de La Española ya en 1500, y los Mercedarios; en tanto que los primeros Dominicos (Orden de Predicadores) lo hicieron a partir de 1510. Los Franciscanos fueron también los primeros en llegar al continente (Tierra Firme), en 1524, distribuyéndose rápidamente por el virreinato de Nueva España y pasando a los territorios que constituirían el virreinato del Perú a partir de 1541. En 1533, se incorporaron los Agustinos y en 1572 los Jesuitas, siendo estos últimos los que tuvieron gran influencia sobre la Nación Aymara acentuada en la meseta del Kollao y sus alrededores. Su actividad se iniciaba con la misma conquista militar y continuaba posteriormente dirigiéndose a toda la población indígena para su cristianización.

Los Jesuitas ejercieron una notable actuación, en cuanto al estudio de las culturas andinas se refiere, especialmente la Aymara, siendo estos, los primeros en publicar una Obra Bilingüe “Aymara-castellano”. Los Jesuitas al igual que los Incas aprovecharon el talento natural de los Aymaras sobre el tallado de piedras. Es así, que construyeron un rosario de Templos Católicos por todo el Altiplano y sus alrededores.



Tanto Dominicos y Jesuitas posiblemente transitaron por la zona de Tarata en misión de evangelización, aunque son los últimos, los que tuvieron más actuación en la región de Tarata. El proceso de evangelización, empezó a darse poco después de la llegada de Don Pedro Pizarro al pueblo de Tarata. Sobre la catequización de poblado Tarateño, las leyendas religiosas recuerdan con mucho fervor y cariño a “San Benedicto”,  como el primer evangelizador de la población local.

Los misioneros se vieron en la necesidad de aprender muchas lenguas indígenas para poder transmitir su mensaje a una población numerosa y perteneciente a múltiples culturas, que se encontraba dispersa en un continente extraordinariamente extenso. La fundación de pueblos de indios y de reducciones, en los que se concentró a la mayor parte de la población indígena, facilitó la labor de adoctrinamiento y la administración de los sacramentos a grandes masas de conversos, aunque siempre estuvo presente la supervivencia de la idolatría, con importantes rebrotes a lo largo de los tres siglos de la vida colonial en múltiples poblaciones; para evitarla se destruyeron numerosos objetos de culto y símbolos relacionados con las religiones autóctonas, pero en muchos casos pervivieron numerosos ritos indígenas a través de manifestaciones externas cristianas.

Otra fórmula empleada para la cristianización de los indios fue la conocida como doctrina; se trataba del compromiso adquirido por el conquistador para que fueran evangelizados (adoctrinados) todos los indígenas que le habían correspondido en sus repartimientos; los niños debían recibir las enseñanzas religiosas todos los días y los adultos tres días a la semana. El convento fue el centro neurálgico de la evangelización y en torno a él se configuraron numerosas poblaciones. En él atendían los religiosos a las necesidades espirituales de los nuevos cristianos al mismo tiempo que a las materiales, ya que junto a las dependencias de culto y habitación de los frailes, disponían de enfermerías, escuelas y talleres. Los mismos misioneros desempeñaron un importante papel en la aculturación del indígena, al poner un especial empeño en su incorporación a las actividades artesanales de tradición europea, como parte destacada de su educación.

A los misioneros también les correspondió actuar como defensores de los indígenas frente al abuso de los encomenderos y los funcionarios, a los que recordaron continuamente que éstos eran sus iguales ante Dios. En 1511, el fraile dominico Antonio de Montesinos abrió la puerta a cientos de denuncias contra los malos tratos dados a los indios, al hacerlos públicos por medio de un sermón, cuya resonancia llegó hasta España. Para una parte importante del clero la evangelización era la única justificación de la presencia española en América y era deber de los monarcas españoles dedicar todo su esfuerzo a cristianizarlos. La discusión sobre este tema trascendental tuvo en Fray Bartolomé de Las Casas, Juan Ginés de Sepúlveda y Francisco de Vitoria a sus figuras más destacadas; ellos desarrollaron a través de sus escritos un conjunto de doctrinas en las que se apoyaba la legitimación de la conquista desde diferentes perspectivas.

Posteriormente, al estar la Iglesia Católica establecida sólidamente en el terreno hispanoamericano; fueron los misioneros, los primeros en predicar la igualdad entre blancos e indios, asimismo, que estos últimos tuvieran un mejor trato. Gracias a los predicadores cristianos especialmente los Jesuitas, tiempos después, se iniciaría la incansable labor de los próceres de la Independencia Americana.




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